1ª idea práctica de Brian Tracy para el éxito: tener grandes sueños

Hay títulos de libro que apuestan más por servir al autor para vender ejemplares que para describir realmente la temática de que tratan. Así “Los 21 secretos para hacerse millonario con su propio esfuerzo” de Brian Tracy no hace justicia al contenido de la obra, si los lectores pudiéramos rebautizar los libros que leemos, yo a este lo llamaría “21 ideas prácticas que contribuirán a tu éxito en la vida”.

En esta entrada voy a resumir primera idea que Tracy recopila en su libro, y espero continuar la serie hasta completar las 21.

Tener grandes sueños; solo los grandes sueños tienen la fuerza necesaria para mover el alma del hombre. – Marco Aurelio

Soñar no cuesta nada, por eso nos aconseja Brian Tracy que nos permitamos el lujo de soñar: usar la imaginación y la fantasía para vernos en donde nos gustaría estar, como nos gustaría vivir si no tuviésemos ninguna limitación para lograr cualquier cosa en la vida.

El autor describe una técnica que menciona como “pensamiento de vuelta del futuro” y que se describe mejor si la dividimos en dos fases:

  • Fase 1, crear una visión de nosotros mismos para el futuro a largo plazo
  • Fase 2, volver a la situación actual e imaginar que pasos habríamos dado para alcanzar esa visión.

En la primera fase de esta técnica se trata de definir una imagen mental, lo más nítida posible de un futuro de salud, felicidad y prosperidad, es la respuesta a esta pregunta ¿qué me atrevería a soñar si supera que no iba a fracasar?, hay que dejar volar la imaginación y escribir esa meta soñada.

Después de dejar volar la imaginación, en la segunda fase, hay que volver a poner los pies en la tierra, volver a nuestra situación actual  y contestar a estas preguntas, ¿Qué tendría que haber hecho para llegar a la visión soñada? ¿Qué medidas habría tenido que tomar? ¿Qué habría cambiado en mi vida? ¿Qué hubiera iniciado o abandonado? ¿Con quién estaría? ¿Con quién ya no estaría?. Las respuestas nos darán un plan para avanzar hacia el éxito en el que habrá que empezar a trabajar desde ya.

Según dice Brian Tracy, mucha gente ni siquiera intenta tener éxito, por que no creen que puedan conseguirlo, pero si nos permitimos tener grandes sueños, estaremos en el punto de partida para triunfar.

 




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Cuatro pasos para poner en marcha nuestra visión

La sensación de fluidez es una trilogía de Juan Carlos Cubeiro sobre liderazgo (imprescindible), y también el primero de los tres libros que la conforman. El capítulo 3 de este libro, que es cuando el autor se mete en materia, está dedicado al sentido de la visión y se titula “Si no sabes a donde vas…”. A continuación tres frases celebres que condensan la importancia de tener y trabajar una visión de nuestro futuro:

Si no sabes a donde vas, ningún camino te llevará allí. (El gato de Chesire a Alicia en el país de las Maravilas)

No hay buenos vientos para el barco que no sabe a donde va. (Willian Shakespeare)

Quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo. (Friedrid Nietzche)

Se trata de tomar la iniciativa, de plantearnos (en los términos más detallados posibles) cómo nos gustaría que fuera el futuro, y es que esa nuestra visión de como será el futuro tendrá una influencia determinante en cómo será el futuro realmente: la mejor formar de predecir el futuro consiste en inventarlo. Si sabemos lo que queremos, podemos orientar todos nuestros esfuerzos hacia eso, y así no los malgastaremos en lo que no queremos.

Los pasos para poner en marcha la visión son:

  1. La firme voluntad de llevar adelante la visión marcada. En este punto, me ha parecido muy interesante la diferencia que explica Cubeiro entre la tenacidad y la perseverancia. La tenacidad consiste en mantener un esfuerzo continuado sin un propósito claro, mientras que la perseverancia consiste en mantener un esfuerzo hacia una meta concreta, y sobre la tan necesaria perseverancia, una cita de Ray Kroc, el mismo que se quedó el negocio de Dick y Maurice Macdonald para convertirlo en un éxito mundial: “Persevera. Nada en el mundo puede reemplazar a la perseverancia. El talento no lo hará; nada es más común que los fracasos con talento. El genio no lo hará tampoco; el genio sin recompensa es ya proverbial. La educación no lo hará: el mundo está lleno de ruinas humanas instruídas. Perseverancia y determinación son las únicas virtudes omnipotentes.”
  2. Esa visión debe de ser clara, llena de detalles, muy específica.Necesitamos un plan detallado de lo que queremos, aquí no nos servirán generalizaciones ni vaguedades.
  3. Marcar la visión y calcular la distancia. Creo que deberíamos saber cuan lejos estamos de lograr esa visión, y establecer una fecha tope.
  4. Visualizar. Proyectemos la película de nuestra visión en nuestro cerebro, como hacen los grandes deportistas, como dice Cubeiro “es más fácil hacer el puzzle cuando ya has visto la fotografía completa en la tapa”.




Este es el gran reto que nos plantea Juan Carlos Cubeiro en La sensación de fluidez, donde nos descubre cómo a nuestro alrededor encontramos un exceso de conocimiento de lo que es un líder y las habilidades que debe poner en práctica, pero falta lo que debe hacer y conseguir pasar del jefe incontestable al líder de una auténtico equipo que inspire e ilusione.
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Adquirir un nuevo hábito, la perspectiva científica

Estoy leyendo el libro El poder de los hábitos, de Charles Duhigg, y en su primera parte explica cómo surgen los hábitos de las personas. La explicación, a la par que interesante, me ha parecido de gran aplicación práctica para la vida de cualquiera, así que la comparto aquí resumida.

La “fragmentación” es un proceso por el cual nuestro cerebro convierte una secuencia de acciones en un rutina automática, y es la causa de la formación de los hábitos. Todos los conductores hemos experimentado este fenómeno: la primera vez que nos subimos a un coche, necesitamos toda nuestra atención para conducirlo, mientras que ahora podemos atender al freno, el acelerador, el embrague, la palanca de cambios y los espejos retrovisores mientras mantenemos una conversación, y eso es por que gracias a la fragmentación podemos conducir sin realizar el esfuerzo mental que necesitamos la primera vez, y eso nos deja recursos cerebrales libres para charlar. Los hábitos, según los científicos, surgen por que nuestro cerebro está siempre tratando de ahorrar esfuerzo mental: estos fragmentos de rutinas automáticas se almacenan en los ganglios basales, cuando ejecutamos una rutina automática, “trabajan” los ganglios basales, y el resto del cerebro “descansa”.

El proceso que, dentro de nuestro cerebro hace que funcione un hábito, es un bucle de tres pasos:

  1. Señal. El detonante que hace saber al cerebro que ha de poner en marcha una rutina, y que rutina en concreto.
  2. Rutina.El procedimiento almacenado, el hábito en si mismo, puede ser una rutina física, mental o emocional.
  3. Recompensa. Ayuda a nuestro cerebro a decidir si merece la pena recordar ese hábito en particular en futuras ocasiones.

Este bucle del hábito funciona tanto para buenos como malos hábitos, y aunque estos tres pasos no siempre son evidentes, es muy interesante pensar en hábitos y tratar de identificarlos (por ejemplo, del hábito de consultar continuamente el correo electrónico: la señal es la alerta de un nuevo mensajes en el ordenador o smartphone, la rutina es dejar lo que estamos haciendo, y la recompensa es una interrupción momentánea de lo que estamos haciendo, el darnos un descanso). Este bucle (señal, rutina, recompensa; señal, rutina, recompensa; señal, rutina, recompensa…) se va volviendo más y más automático hasta que surge un fuerte sentimiento de expectación y deseo.

De este modo, para adquirir un nuevo hábito, en primer lugar debemos definir una señal que sea sencilla y evidente, y después tenemos que definir claramente la recompensa, y, por último, cultivar nuestro deseo por esa recompensa. Este deseo alimenta el bucle del hábito, es el que hace que funcione la señal. Pongamos un ejemplo con el hábito básico de hacer ejercicio:

  • Definamos una señal: la ropa de deporte al lado de la cama, el mero hecho de salir de la cama, etc.
  • Elijamos la recompensa: la dosis de endorfinas que producirá nuestro cuerpo al terminar, un batidos que nos vamos a beber después de la sesión de ejercicio, etc.
  • Pensemos en la recompensa, esperemosla… el deseo de esa recompensa será lo que haga surgir el hábito




Los alimentos que elegimos, lo que ahorramos o gastamos, cómo nos comunicamos, el ejercicio que hacemos, cómo organizamos nuestro trabajo... Cada una de las elecciones que hacemos a diario no son la consecuencia de decisiones meditadas, como cabría pensar. Son hábitos. Y puesto que todos y cada uno de estos estos aspectos ejercen un tremendo impacto en nuestra salud, productividad, seguridad y felicidad, parece inevitable preguntarse: ¿podemos cambiarlos? La respuesta es sí.

Basándose en infinidad de investigaciones y entrevistas llevadas a cabo tanto en el ámbito académico como en el empresarial, el periodista de investigación Charles Duhigg acerca al gran público las conclusiones de los más recientes hallazgos psicológicos y neurológicos acerca de la formación de rutinas.

El resultado es un ensayo apasionante, amenizado con ejemplos de la vida real, que demuestra cómo la adopción de un único hábito clave puede transformar radicalmente nuestra vida personal, corporativa y social.

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