Es frecuente encontrarnos en medio de una conversación y que suene el teléfono, y por no elegir con decisión a uno de los dos interlocutores (al remoto o al presencial) acabaremos descontentando a los dos. La persona que estaba con nosotros, mirará para otro lado, intentando no escuchar para no parecer indiscreto; el que acaba de llamar tan inoportunamente, se encontrará con un interlocutor que está deseando colgar, y que da respuestas evasivas.
Para evitar tan desagradable situación, es recomendable silenciar el móvil durante cualquier reunión, y devolver luego las llamadas perdidas, y si esto no nos resulta posible, o lo que suena es un fijo, debemos optar por lo que más nos convenga:
- atender la llamada y dar por finalizada la reunión o aplazarla (disculpame, tengo que atender esta llamada, ya seguiremos hablando, hasta luego).
- continuar la reunión, pedirle a quien está con nosotros disculpas por treinta segundos, y explicarle en ese tiempo al interlocutor telefonico que estamos reunidos y que le devolveremos la llamada en cuanto terminemos (por supuesto, es imprescindible cumplir este compromiso y devolverla efectivamente)

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