Si nos preocupa la gestión del tiempo parece que és para hacer más cosas en menos tiempo, pero esta no es la única forma de gestionarlo.
Existe un movimiento mundial, originado en Roma en 1986 para oponerse a la instalación de un McDonalds en medio de la Plaza di Spagna, y que, aunque comenzó como una reivindicación del derecho al placer por la buena comida (slow food), pronto se extendió a otros aspectos de la vida (slow sex, ciudades slow, slow laboral..), es el movimiento slow.
Dentro de este movimiento hay un grupo de acción llamado “Sociedad para la desaceleración del tiempo”, que asegura tener mil miembros en toda Europa. Entre sus actividades está la de cronometrar el paso de los transeuntes al cruzar los pasos de cebra regulados por semáforos, cuando alguien atraviesa la calle en menos de 37 segundos es detenido por el grupo y obligado a pasearse con un muñeco en forma de tortuga. Según los “desaceleradores”, la mayoría se lo toma con humor y agradecen esta llamada de atención contra las prisas.
En definitiva, el objetivo de este movimiento es llamar nuestra atención sobre el frenético ritmo que llevamos, y reclamar la vuelta a la tranquilidad, un ritmo lento que permita al ser humano recuperar el equiilibrio psicológico y emocional.