Lo que combates te debilita, lo que defiendes te da fuerza

Es fácil caer en la tentación de estar siempre luchando contra lo que consideramos malo, y dedicar energía mental y física a combatir lo que odiamos. Es mejor, no organizarse para el combate, si no trabajar para aquello de lo que estamos a favor.

Dos ejemplos ilustran este pensamiento:

· Hambre o alimentación. Luchar contra el hambre sólo debilita al que la combate y provoca ira y frustración (imaginaros estar revisando datos de niños muertos cada día por falta de alimento). Trabajar para que la población esté bien alimentada da poder a la persona (ahora pensad en cada día contabilizar a cuentas personas se ha alimentado)

· Violencia o paz. Si combates la violencia utilizando los métodos de la violencia y del odio, pasas a formar parte del odio y la violencia del mal, por muy justa que creas tu posición. Si toda la gente del mundo que está contra el terrorismo y la guerra cambiara de perspectiva y pasara a apoyar la paz y trabajar para ella, el terrorismo y la guerra se verían eliminados.

 

Para concentrarte en lo que defiendes en la vida, y no en aquello a lo que te opones, Wayne W. Dyer propone hacer un inventario de todo aquello contra lo que estás, y luego “darle la vuelta”, en una nueva lista que refleje lo que defiendes. Este método ayuda a apartar nuestro pensamiento de los “enemigos”, eliminando estrés, y el ansia por combatirlos, concentrándonos más en nuestra lista de “a favor”

15ª Ley de Maxwell: la ley de la victoria

Los líderes encuentran la forma de que el equipo gane

Para explicar la Ley de la Victoria, Maxwell recurre a ejemplos de bien conocidos líderes, sirvan dos como por ejemplo:

  • Abraham Lincoln, que puso la victoria de la Guerra Civil estadounidense por encima de su orgullo, su reputación y su bienestar pesonal,otorgando poderes a sus generales, y reconociendo sus mérito. Justo lo contrario de lo que hizo en el bando confederado Jefferson Davis, a quien le preocupaba más tener razón o dominar a sus generales que la victoria.
  • Winston Churchill, que en su primer discurso después de convertirse en primer ministro dijo

    “¿Quieren saber cual es nuestra meta? Respondo con una sola palabra: La Victoria –victoria a toda costa, victoria a pesar de todo el terror, victoria, aunque el camino sea largo y duro; porque sin victoria no hay supervivencia”

Con estos dos ejemplos, y otros que omito, se comprende que los buenos líderes ponen tanto interés y energía en hacer que su equipo gane, que siempre lo llevan a la victoria. Para ellos, cualquier cosa que no sea el buen éxito es inaceptable, no hay plan B, por eso luchan hasta ganar.

Tres componentes de la victoria. La victoria es posible siempre que el equipo reúna estos tres componentes:

  1. Unidad de visión. Da igual el talento o el potencial de los miembros del equipo, si no tienen los mismos planes, no comparten una visión, no ganarán.
  2. Diversidad de destrezas. Igual que no es posible imaginar un equipo de fútbol solo de delanteros, en la organizaciones se necesitan diversos talentos, para que cada jugador cumpla con su parte.
  3. Un líder dedicado a la victoria y a explotar el potencial de sus miembros. Por último, es necesario el liderazgo: la unidad en la visión no aparece de forma espontanea, y los jugadores adecuados no llegan por cuenta propia, se necesita que un líder se encargue de eso.



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Mi plan para volver a ser productivo

Cuando hace 6 años escribí la primera entrada en este blog, lo hice con la idea de organizar mis propias notas de lectura sobre productividad personal: si leía sobre el tema había entradas en el blog, y si no lo hacía, pues el blog no se actualizaría. En todo este tiempo pocas veces escribí sobre mi propia experiencia productiva, y la mayor parte de los posts se refieren a consejos o reflexiones de otras personas, mucho más cualificadas y reconocidas que yo. Algunas de las pocas veces que dediqué una entrada a mi propia productividad fue en diciembre de 2009, y la titulé Collapso de tareas pendientes. El título de esta entrada de hoy, bien podría ser el mismo: me encuentro en una situación pre-productiva, como si no hubiera aprendido nada en todo este tiempo sobre gestión del trabajo personal, con stress constante, cansancio acumulado, falta de energía, sensación de que es imposible ponerse al día con todo lo pendiente, dudas sobre si estoy dedicando el tiempo a cosas realmente importantes… Para los lectores de Covey, diré que estoy atrapado por lo urgente y descuidando lo importante, es como si hubiese olvidado todo lo que algún día aprendí sobre la organización del tiempo y la gestión del trabajo personal. Como no quiero seguir así, he trazado un plan, que se resume en estos puntos:

- Establecer los niveles superiores de GTD ( este post de Jero Sánchez me viene al pelo)

– Vaciar mis bandejas de entrada (física y electrónica)

– Organizar mi material de consulta

– Purgar la lista de próximas acciones, descartando aquellas que no tenga que llevar a cabo de forma ineludible, y centrándome en lo esencial

– Establecer claramente la dependencia de todas las acciones que queden con alguno de los niveles superiores de GTD

Mientras, en el proceso, espero retomar mis viejos hábitos productivos, entre ellos el de leer sobre la materia y archivar aquí mis anotaciones.