Cada uno de nosotros posee su propio cubo. El cubo se llena o vacía permanentemente en función de lo que otros nos dicen o nos hace. Cuando nuestro cubo está lleno, nos sentimos bien; cuando está vacío, fatal.
Cada uno de nosotros dispone también de un cucharón. Cuando empleamos nuestro cucharón para llenar los cubos de los demás – siempre que hacemos o decimos algo que potencie sus emociones positivas- también estamos llenando nuestro propio cubo. Pero cuando utilizamos nuestro cucharon para vaciar los cubos de los demás -siempre que hacemos o decimos algo que merme sus emociones positivas- nos vaciamos nostros mismos.
Está metáfora del cubo es tan sencilla como poderosa, y está extraída del libro ¿Esta lleno su cubo?, Estrategias para potenciar sus emociones positivas, de Tom Rath y su abuelo Donal O. Clifton.
A parte de aumentar la longevidad y la salud en general, fomentar las emociones positivas tiene una incidencia directa sobre la productividad, tras entrevistar a más de cuatro millones de empleados sobre la cuestión (de más de diez mil empresas y más de treinta sectores) concluyen que las personas que reciben “reconocimiento” y “alabanza” (dos formas de fomentar la emociones positivas en las organizaciones):
- Mejoran su productividad individual
- Potencian el compromiso de sus compañeros
- Tiene más probabilidades de continuar en la empresa
- Obtienen mejores puntuaciones en relación con la fidelidad y satisfacción de sus clientes
- Disfrutan de unos niveles de seguridad superiores y tienen menos accidentes laborales