Hace unos meses, en una maravillosa y larga sobremesa, intenté explicar a un amigo los fundamentos del sistema GTD, haciendo hincapié en la cuestión de contar con una lista de próximas acciones clasificadas por contexto y prioridad. Le llamó poderosamente la atención, y en cierto modo le pareció una excentricidad, que tuviera identificadas casi 500 próximas acciones. He vuelto a verlo este fin de semana y, tras preguntarme por el número de acciones en la lista (sin muchos cambios desde nuestro último encuentro, 483), me dijo:
No es posible que tengas bajo control una lista de 500 cosas, debes de hacer como los procesadores: tener un buffer de tamaño limitado.
Enseguida comprendí la idea, y me pareció brillante, de esas que te hacen exclamar ¿cómo no lo había pensado antes?. Si hubiera tenido este concepto claro desde el principio de la implantación de GTD, me habría evitado algún disgusto.
En informática, un buffer de datos es una ubicación de la memoria reservada para el almacenamiento temporal de información mientras está esperando ser procesada. En un sistema de organización personal, podríamos llamar buffer al listado de próximas acciones que están esperando a ser completadas, y debería tener un tamaño limitado.
Voy a intentar trabajar con un buffer limitado de 500 acciones pendientes, que distribuiré del siguiente modo:
- 150 acciones “Do ASAP”, para hacer cuanto antes (ASAP, As Soon As Posible)
- 150 acciones en estado “Inactivo”, deben hacerse, pero no por ahora
- 200 acciones delegadas, o encomendadas a otras personas
Como no quiero que se me escape nada importante, espero que esta limitación que me acabo de imponer me sirva de aliciente para:
- Ser muy selectivo con lo que añado a la lista de acciones pendientes
- Hacer, hacer y completar acciones de la lista.
